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Publicación · Psicoanálisis

¿Para qué sirve analizarse
si no hay solución garantizada?

Por Lic. María Gabriela Garrido  ·  Psicóloga clínica · Psicoanalista

"El rasgo fundamental del análisis es que la gente termina por darse cuenta de que ha dicho boludeces a granel durante años." Lacan — Mi enseñanza, 1967
El problema

Vivimos en la era de la optimización

Todo está pensado para ser rápido, útil y, sobre todo, eficaz. Si compramos un electrodoméstico, queremos que cumpla su función. Si tomamos un curso, queremos herramientas aplicables. Y si buscamos una terapia, muchas veces esperamos que "nos arreglen" en el menor tiempo posible: que el malestar desaparezca como quien borra un error en una planilla de cálculo.

Esta expectativa no es casual. Es el producto de una concepción de la eficacia que tiene siglos de historia en Occidente: la idea de que toda acción eficaz parte de un plan previo, aplica medios adecuados a un fin, y produce un resultado medible. Problema identificado, protocolo aplicado, individuo normalizado.

Pero hay algo que esta lógica no puede procesar: el sufrimiento humano no obedece a esa arquitectura. Y el psicoanálisis, desde sus orígenes, lo sabe.

"No es posible producir en un neurótico, en un tiempo corto, las modificaciones que deban devolverle su capacidad perdida de trabajo y goce." Freud, 1925
Contexto filosófico

La trampa de la eficacia como técnica

El filósofo Martín Heidegger señala que la tradición hace lo que transmite tan poco accesible que más bien lo encubre. La noción de eficacia es un buen ejemplo: la damos por sentada, pero raramente nos detenemos a preguntarnos qué supone.

En la versión dominante de Occidente, la eficacia equivale a técnica: tengo un problema, aplico un procedimiento, obtengo el resultado previsto. Es la lógica del input-proceso-output trasladada al malestar psíquico. Esta concepción supone que hay un ideal de "funcionamiento normal" al que restaurar al sujeto, y que quien sabe cómo hacerlo es el especialista técnico.

El psicoanálisis nació, en parte, como respuesta a esa lógica. Recoge justamente lo que el discurso de la modernidad deja afuera: la dimensión del inconsciente, lo que no se puede calcular ni controlar, el exceso que escapa a cualquier intento de cierre definitivo.

Dos concepciones de eficacia, frente a frente

  • Eficacia técnica: parte de un objetivo predeterminado, aplica medios estandarizados, mide resultados por comparación con un ideal. El sujeto es objeto de intervención. El tiempo es un recurso a optimizar.
  • Eficacia analítica: no hay objetivo fijo de antemano, opera sobre lo singular de cada caso, los efectos no son predecibles ni uniformes. El sujeto es protagonista del proceso. El tiempo tiene su propia lógica, irreducible a la urgencia.
El síntoma

El síntoma no es un error: es un mensaje

Para la lógica de la eficiencia, el síntoma —la angustia, el insomnio, la repetición que hace sufrir, la inhibición inexplicable— es un estorbo que hay que eliminar lo antes posible. Un ruido en el sistema que interrumpe el rendimiento.

Para el psicoanálisis, en cambio, el síntoma tiene una eficacia propia: es la forma que encontró el sujeto para decir algo que no puede decir de otro modo. Eliminarlo rápidamente mediante una técnica de reeducación equivale a silenciar al sujeto, no a escucharlo.

Lacan introduce aquí la noción de hiancia: entre la causa y lo que ella afecta, siempre hay algo que cojea, un bache que ninguna técnica puede rellenar del todo, porque es ahí donde reside la singularidad de cada uno. Y es precisamente esa grieta lo que el análisis trabaja, en lugar de taparla.

"Entre la causa y lo que ella afecta, está siempre lo que cojea." Lacan — El Seminario, Libro 11

Una eficacia analítica rigurosa no es la que devuelve al sujeto a la normalidad lo antes posible para que siga produciendo. Es la que le permite escuchar qué tiene ese malestar para decirle. La operación analítica no busca que uno "funcione bien" para el sistema, sino que pueda vivir de un modo más propio con su deseo.

La posición del analista

Sostener el vacío en lugar de dar respuestas

Es habitual imaginar al analista como alguien que tiene "la posta" sobre la vida del paciente: un experto que, tarde o temprano, revela el secreto del sufrimiento y señala el camino correcto. Esta fantasía es comprensible, pero si el analista la acepta, la eficacia del proceso se pierde.

Lacan hablaba de la necesidad de un "aparato mental riguroso" para el ejercicio de la función analítica. Ese rigor no consiste en acumular respuestas, sino en soportar la posición de no tenerlas todas. El analista opera eficazmente cuando sostiene el vacío —la falta de saber— para que el analizante deje de repetir sus guiones habituales y empiece a encontrarse con lo que realmente lo mueve.

Una aclaración importante: Esto no significa que el análisis sea un proceso pasivo o indefinido. Tiene su dirección, sus tiempos y sus efectos concretos. Lo que no tiene es un protocolo universal ni un resultado idéntico para todos. Precisamente porque cada sujeto es singular, cada análisis lo es también.

El psicoanálisis no es ineficaz. Es eficaz de otro modo: produce transformaciones que no se pueden anticipar ni medir con encuestas estandarizadas, pero que se verifican en la vida concreta de las personas.

Conclusión

Una eficacia de la sorpresa

¿Para qué sirve analizarse si no hay solución garantizada? Sirve para pasar de una existencia gobernada por mandatos ajenos y repeticiones dolorosas a una donde el sujeto pueda inventar algo nuevo con lo que le tocó vivir.

La eficacia analítica no se mide con estadísticas ni con escalas de síntomas. Se verifica en la vida de cada uno: cuando algo que antes angustiaba pierde su carácter de destino inevitable, cuando es posible amar de un modo menos posesivo, cuando uno deja de ser espectador de sus propios tropiezos para empezar a tener alguna incidencia sobre ellos.

No se trata de alcanzar la perfección ni de eliminar el sufrimiento de raíz. Se trata de recuperar algo de la capacidad de elegir, incluso sabiendo que el azar y la pérdida forman parte constitutiva de la vida humana. En ese sentido, la eficacia que propone el psicoanálisis es más exigente, no menos, que la eficacia técnica. Porque no se conforma con que uno "funcione". Apunta a que uno pueda vivir.

Referencias

Bibliografía

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