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Publicación · Psicoanálisis

El amor más allá del
sujeto supuesto saber

Por Lic. María Gabriela Garrido  ·  Psicóloga clínica · Psicoanalista

"Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo… tal es el comienzo de la escritura." Roland Barthes — Fragmentos de un discurso amoroso
Punto de partida

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

En nuestra vida habremos escuchado muchas veces que "el amor es ciego". O quizás esa frase de Lacan, algo enigmática, que dice que amar es "dar lo que no se tiene a quien no lo es". Suena a trabalenguas, pero toca un nervio muy preciso: buscamos en el otro algo que nos complete, y siempre terminamos chocando con una pared.

Este trabajo nace de una investigación sobre cómo el psicoanálisis entiende la eficacia terapéutica. ¿Para qué sirve analizarse? ¿Nos ayuda a amar mejor? Freud ya señalaba que la neurosis obstaculiza la capacidad de amar y que el análisis debería ayudarnos a recuperarla. Pero la pregunta que queda abierta es: ¿qué significa, desde una perspectiva psicoanalítica, "amar bien"?

Pensar el amor en psicoanálisis no es trivial. Para Freud y para Lacan, el amor no es un término meramente descriptivo: tiene el estatuto de concepto. En Lacan, además, la rigurosidad conceptual está directamente ligada a la eficacia en la práctica. No es ornamento teórico; es orientación clínica.

"Es preciso saber permanecer riguroso, de manera de no intervenir más que de forma sobria y preferentemente eficaz." Lacan — Conferencia de 1974
La transferencia

El primer amor: amar al saber supuesto en el Otro

Todo análisis comienza con la transferencia. Así lo indica Freud en 1915: la transferencia es un amor tan legítimo como cualquier otro. Cuando alguien inicia un proceso analítico, coloca al analista en un lugar particular: el de sujeto supuesto al saber. Se le supone que tiene "la posta" sobre el propio sufrimiento, que sabe qué nos pasa. Ese es el primer amor de la transferencia: un amor dirigido al saber.

Desde la perspectiva imaginaria, este amor funciona como un velo: el espejo devuelve una imagen de completud que oculta la prematuración estructural del ser humano. El amor narcisista sostiene la ilusión de hacerse Uno con el Otro, borrando el desencuentro que lo simbólico introduce irreversiblemente.

Desde lo simbólico, el amor aparece articulado a rasgos significantes y se sostiene en el fantasma, que le da argumento a la ficción de la relación sexual. "Dar lo que no se tiene", el falo, como estrategia frente a la castración.

Nota clínica: La transferencia, en tanto amor al saber cuya contrapartida es el horror al vacío, funciona como una fuente de ficción. Lacan la describe como "una carta de amor que se escribe mientras dure el análisis". Sostiene la lógica de la excepción: hay al menos uno que no está afectado por la castración.
Coordenadas históricas

Los modos lógicos del amor en Occidente

Lacan no habla del amor en abstracto. Lo enmarca en coordenadas históricas precisas que han cristalizado, en la cultura occidental, distintos modos de relacionarse con él. Lejos de ser contingentes, estas formas revelan estructuraciones lógicas que funcionan como indicadores clínicos: orientan la posición del analista y permiten leer diferentes momentos del proceso.

Cuatro modos lógicos del amor (según D. Rabinovich, sobre Lacan)

  • Amor cortés — lo imposible: El amado es inalcanzable. La satisfacción se sostiene en el hablar, en bordear un vacío central representado por la dama. Se renuncia al goce del cuerpo para recuperarlo por la vía de la palabra. Es la estrategia de ofrecer la propia castración.
  • Amor al prójimo — lo posible: Fundado en el amor cristiano, vacía al amor de sexualidad y deseo. El amor universal iguala a todos. Nadie queda por fuera del falo. Castidad y oblatividad como ideales.
  • Carta de amor — lo necesario: Lo que no cesa de escribirse. La transferencia como ficción que sostiene la excepción fálica. El amor que busca la eternidad, que quiere creer que la relación sexual puede dejar de no escribirse.
  • Carta de a-muro — la contingencia: El amor que acepta el muro de la castración. Lazo imaginario privilegiado, elección fundada en el objeto a, sometido al azar. "¿Cómo ama un hombre a una mujer? Por azar." (Lacan, Sem. XXI)

Estos cuatro modos no son sucesiones históricas sino posiciones lógicas. Sus huellas, señala Lacan, son "totalmente concretas" en la vida sentimental contemporánea. El analista que puede leerlas tiene una brújula para orientarse en la cura.

El fin del análisis

¿Qué le ocurre al amor cuando cae el sujeto supuesto saber?

En el análisis, la estructura del sujeto supuesto saber conduce, librada a sí misma, al análisis interminable. Para que algo termine, se hace necesaria otra posición para el analista: no ya la de causar el deseo, sino la de hacer surgir la contingencia en su función de suplencia.

En el Seminario XI, Lacan señala algo llamativo: el amor reaparece exactamente en el lugar donde habla del deseo del analista. Dice que el amor "sólo puede plantearse ahí donde, en primer lugar, renuncia a su objeto", y luego describe la aparición posible de "una significación de un amor sin límites, ya que está fuera de los límites de la ley".

"El deseo del analista no es un deseo puro. Es un deseo de obtener la diferencia absoluta." Lacan — El Seminario, Libro 11

Un amor sin límites porque está por fuera de los límites del significante. No el amor necesario que sostiene la excepción fálica, sino uno sometido a la contingencia y el azar. En el trayecto de un análisis puede situarse, al inicio, el amor necesario. Luego vendrá el tiempo del falo como contingente: el único saber que se decanta en un análisis es que no-todo puede saberse.

El analista que atravesó su propio análisis sabe, a diferencia del neurótico, que su ser no está en el objeto a del fantasma; que no todo es significante, y que el significante que le diría lo que él es no existe. De esto se trata la destitución subjetiva. Sabe que "el ser no es más que un hecho de dicho" (Lacan, Sem. 20). Por eso está en posición de hacer lo que es justo hacer: sostener el vacío para que el analizante descubra su propio deseo.

Conclusión

Amar desde la falta, no a pesar de ella

El psicoanálisis no promete un amor sin conflicto ni sin pérdida. Lo que propone es algo más interesante: un desplazamiento en la relación con la falta. Pasar de un amor que busca completarse, que intenta desesperadamente hacer cesar lo que no cesa de no escribirse, a un amor que puede convivir con esa imposibilidad estructural.

Amar por contingencia es aceptar el azar. Que alguien "cese de no escribirse" en nuestra vida no es garantía de eternidad: es la fuerza de lo que ocurre ahora, sin la coartada de que "estaba escrito". La contingencia es inquietante, difícil de tolerar; tiende a deslizarse hacia lo necesario. Se quisiera que el amor fuera eterno. Pero ese deslizamiento es precisamente lo que el análisis puede cuestionar.

Un análisis no cura las penas del amor. Pero puede transformar profundamente la relación de cada uno con su modo de amar.

Referencias

Bibliografía

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